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Indice
Lo importante empieza cuando alguien pregunta por qué
Hace un tiempo empecé a notar que cada vez más abogados y peritos creen que pueden reconocer un texto escrito hecho con IA, apenas con leerlo. Una palabra demasiado correcta, una estructura muy ordenada, una frase que simplemente “suena a ChatGPT”.
Y durante un tiempo yo también me detuve en esas cosas. Hasta que empecé a profundizar un poco más ¿Qué método podría usar que fuera realmente válido y que, además, cualquier persona pudiera aplicar?
Porque muchas de esas supuestas señales de inteligencia artificial son recursos que cualquier persona que escribe hace tiempo termina usando: ritmo, transiciones, ejemplos, comparaciones, estructura.
Mirar menos las palabras y más lo que hay detrás
Hay días donde las palabras pueden fluir fácil. Y otros donde se puede pasar una hora cambiando frases sin que el texto funcione. Investigar, corregir, ordenar conceptos e ideas, volver atrás y borrar cosas que parecían perfectas una hora antes y aun así seguir sin nada.
Por eso hay algo que empezó a llamarme mucho más la atención que la puntuación y esto es el volumen.
Cuando alguien hace una presentación de 100.000 palabras en una demanda, es claro que ya existe un elemento más importante que buscar si usa demasiados guiones.
Quiero entender cómo se realizó. Hay veces en que los números dicen más que cualquier detector de IA.
Porque, al final, lo que realmente interesa es algo más simple: mirar si el proceso que aparentemente produjo ese trabajo es lo importante.
La prueba más interesante empieza cuando termina el artículo
Cuando alguien pasa mucho tiempo investigando un tema, ese conocimiento suele aparecer también fuera del texto. No necesariamente de forma perfecta, pero sí en la capacidad de explicar una idea con otras palabras, conectar conceptos, recordar ejemplos o profundizar cuando alguien hace una pregunta.
Por eso, cuando encuentro un texto muy sólido, con argumentos complejos y una aparente profundidad que después no aparece en quien lo firma, presto atención.
No porque eso demuestre automáticamente que fue generado con IA, sino porque puede existir una desconexión entre la calidad de lo publicado y la comprensión real detrás de esa publicación.
El indicio no está en olvidar una frase. Está en no poder pensar más allá de lo que ya quedó escrito.
La prueba está en lo que podés sostener
No veo ningún problema en que el uso de IA sea cada vez más frecuente entre abogados y peritos.
Yo también la uso para ordenar información, discutir ideas, revisar textos y acelerar partes del proceso que antes me llevaban mucho más tiempo.
Pero hay una línea que para mí es CLAVE: si pongo mi nombre debajo de un texto, tengo que entenderla.
Ahora bien, tampoco quiero caer en el error contrario. Que alguien pueda defender un argumento no demuestra que no haya usado IA. Y que no haya usado IA tampoco vuelve automáticamente sólido lo que escribió.
Con IA o sin IA, si publicás una afirmación técnica, tenés que poder explicar de dónde sale, qué evidencia la sostiene y hasta dónde llega esa conclusión.
Por eso, para mí, la conversación importante no es solamente quién escribió cada palabra.
La credibilidad no está en demostrar que no usaste IA. Está en poder sostener técnicamente lo que publicaste.
La IA puede participar en el proceso. Lo que no debería delegarse es el criterio, la comprensión y la responsabilidad sobre lo que termina llevando tu nombre.
Porque, al final, cerrar la computadora y poder seguir defendiendo una idea no demuestra cómo fue escrita.
Demuestra algo más importante: que sabés por qué decidiste publicarla.
